jueves, 6 de abril de 2017

20. Ceremonial

celebras tu ritual de cerveza
masticas en silencio
con deleite y parsimonia
tu bocadillo de chorizo y queso de cabra
en la soledad de vuestra cocina soleada
un sábado más
con la tranquilidad que te da saber
que por un día
y nada más que por un día
ella será la depositaria de sus besos,
que pasearán cogidos de la mano
irán al cine a cenar harán compras
comerán palomitas o golosinas
se dirán que siempre estarán ahí el uno para el otro
con la firmeza de un árbol centenario
y todo lo demás


porque un trato es un trato



miércoles, 5 de abril de 2017

19. La loquita

dentro de mí hay otra mujer
día sí y día también trato de ignorarla
pero a veces es más fuerte que yo y me impulsa
me impulsa a saltar las escaleras de cuatro en cuatro
a tirarme por el pasamanos a resbalillo
a timbrar en los portales
o a imaginar que me lo hago con el vecino del quinto
cuando coincidimos en el ascensor


(el vecino es gordito y simpático
a mí no me gusta demasiado
pero ella dice que le fascina
que le gustaría oírlo jadear
y verlo con los mofletes encendidos en rojo)


la otra
mi loquita para entendernos
dice que quiere viajar a Tombuctú
volar en parapente
hacer puenting rafting
e incluso recorrer Vladivostok en bicicleta


y yo ya no sé qué hacer con ella
me altera me descoloca
me crea confusión
pero sin ella...
sin ella todo es gris
línea recta
lentitud y tristeza

viernes, 31 de marzo de 2017

18. Tristeza


la luz de este día primaveral de marzo
invita al canto de sirenas
a la risa de los niños en el parque
al entrechocar de copas de vino
a una siesta
a una tarde de playa
a un antojo de milhoja
a bailar
a cantar
a soñar
a chapotear en una alberca
a tus caricias en mi espalda
a aquellas cartas de amor
a jugar a que me quieres más que nada más que a nadie
a que me deseas más allá de la pereza
a un orgasmo
 

la vida
con esta luz tan seductora
parece tan amable
tan fascinante
que por unos momentos  
engaña a esta tristeza de pájaro muerto
que se me pudre por dentro.




miércoles, 22 de marzo de 2017

17. Tarde de playa


En pelota. Y con una flor en el culo. Así fue como Clara vio por primera vez a Joao, sin saber en aquel momento lo que les tenía previsto el destino.

Clara había ido a la playa nudista como tenía por costumbre desde hacía ya varios años. Y aquel tipo era nuevo en la playa, ella tenía fichados a todos los asiduos. Llevaría yendo a la playa un par de semanas como mucho. ¡Y como para no verlo! ¿Qué tipo de hombre se tatuaba una margarita en el culo? En su nalga derecha para ser más exactos. Aunque ella tampoco era la más apropiada para hablar. Siempre se le escapaba el pequeño detalle de que también tenía un tatuaje. Sí. Un discreto tatuaje encima del pubis. Una frasecita de nada. Pídeme lo que quieras. Eso es lo que se había tatuado, ¡por el amor de dios! Había que estar bien loca como lo estaba ella para hacer esa burrada. Y todo porque en aquella época era una guerrera Maxwell, una seguidora friki de esa saga de libros erótico festivos que había escrito Megan Maxwell, pseudónimo de la escritora española María del Carmen Rodríguez. Si es que… ¡Dónde va a parar! Una Maricarmen cualquiera no tiene nada que hacer contra una Megan, más glamurosa, más vendible. Y ahora Clara tendría que cargar con eso toda la vida. Las sonrisas, las risas, las miradas de reojo. Y además esos libros eran malísimos. ¡Qué estúpida había sido! En fin, a lo hecho, pecho.

Clara medio dormitaba en la toalla boca arriba cuando aquel hombre, que en realidad era un adonis, un dios mitológico, se le plantó enfrente y le dijo: ¿Puedo pedirte…? Clara lo cortó en seguida con un qué seco y asustado y miró hacía su pubis poniéndose de todos los colores.

—Perdona por molestarte, ¿serías tan amable de darme la hora? Es que no me traje el reloj y se me olvidó el móvil en el coche.

—Nada, no te preocupes – dijo Clara, incorporándose y girándose hacia el móvil. Son las siete y cuarto.

—Gracias, creí que era más temprano.

—Soy Clara, dijo Clara tendiéndole la mano.

Joao se agachó y le tendió la suya.

—Joao, un placer.

—¿Eres nuevo por aquí?

—Sí, me he desplazado por trabajo. Me encanta el naturismo y me hablaron de esta playa unos conocidos justo antes de venir y… Veo que es muy familiar.

—Así es, la mayoría nos conocemos de hace años, aunque siempre va y viene gente nueva, alguna de paso y otra que se va quedando.

—Es un paraíso, desde luego.

—Y que lo digas.

—Si me permites una cosa desde el cariño y el respeto, me encantaría decirte que… me gusta tu tatuaje, es muy divertido y... atrevido.  

—No me tomes el pelo, hombre.

—Es en serio. No olvides que yo tengo una flor en el culo.

 Los dos, como si fueran viejos amigos, ejecutaron una risa acompasada y sincera.

 —¿Te gustaría acompañarme a tomar una caña? Soy un completo desastre, tampoco me traje agua y me muero de sed.

—Muchas gracias, pues claro que sí, también estaba pensando en marcharme, hoy vine muy temprano y ya empezaba a cansarme de sol.

—¿Conoces algún sitio por aquí?

—Sí, en la playa de al lado hay una terraza estupenda. Me puedes seguir con tu coche o vienes conmigo y luego volvemos a recoger tu coche. Está muy cerquita.

—Pues si no te importa voy contigo, así podemos ir charlando.

—Perfecto.

 Y tomaron la caña, y hablaron y hablaron. No de trabajo, Joao dijo que estaba prohibido. No llevaba muy bien lo de su traslado y prefería hablar de cualquier cosa excepto de ese tema. Y Clara lo había respetado. Y tomaron unas tapas. Y hablaron. Y se rieron. Se rieron mucho. Y volvieron a recoger el coche de Joao, cerca ya de las diez de la noche. El aparcamiento estaba vacío. Y como algo natural se besaron. Y volvieron a besarse otra vez, a conciencia y con alevosía. Y se desearon. Y decidieron bajar de nuevo a la playa porque hacía una noche preciosa. Y bajaron. Y beso por aquí y beso por allá. Y qué tal si beso tu tatuaje. Y qué tal si beso el tuyo. Joao era un ciclón. Y Clara una ventana abierta.  

Pero hasta un día de playa perfecto tiene su fin, así que tocó poner las letras de Fin. Cada uno a su coche. Intercambio de teléfonos. Risas tontas. Ojos brillantes de excitación. Frases hechas. Te llamaré. Ha sido una tarde estupenda. Gracias por todo. Gracias a ti.

Y llegó el lunes. Cara de lunes. Sueño. Y más sueño. Porque Clara no había pegado ojo pensando en Joao.

—Clara, por favor, cuando tengas un minuto pásate por la oficina, han llamado mientras fuiste al baño. El nuevo Jefe de Departamento quiere conocerte, le dijo Chari, su compañera de sección.

—¿A mí?

—Mujer, será porque eres la vendedora del año.

—No me lo recuerdes que ya sabes que me mortifica.

—Pues espera a hacer el anuncio… felicitaciones, autógrafos, tal vez un reportaje en el Hola...

—Te odio. Subo ya, vale, así me lo quito de encima.

Clara subió por las escaleras, un poquito nerviosa todo hay que decirlo. Y al llegar al despacho tocó la puerta cerrada con los nudillos.

—¿Se puede?

—Adelante, pase.

Aquella voz… Clara había escuchado aquella voz no hacía mucho… Era la voz de… Y abrió la puerta para salir de dudas. Joao se puso de pie al verla y se quedó cortado pero al mismo tiempo una sonrisa franca iluminó su cara.

—No me lo puedo creer, le dijo a Clara, indicándole con una mano que se sentara.

—El destino siempre juega las cartas a su antojo, dijo Clara azorada.

—En realidad tampoco es un problema, ¿no? ¿O para ti supone un problema?

—No, en absoluto.

Pues perfecto.

—Genial

—Perdona, tengo que hacer algo.

Joao se levantó de la silla y salió de detrás de su escritorio. Clara pensó que se iría del despacho pero al llegar a su altura, se puso de cuclillas y acercó el dedo pulgar de su mano derecha, hasta rozar la mejilla de Clara, diciéndole zalamero:

—Perdona, tienes una arena en la cara, se ve que este fin de semana estuviste en la playa, ¿me equivoco?

—¡Pero qué tonto eres! Estoy muerta de vergüenza.

—Pues relájate Clarita, esto no ha hecho más que empezar. Todo pasa por algo, ¿no?

viernes, 17 de marzo de 2017

16. por dentro

por dentro grisalla,
acantilado, vértigo,
habitación vacía de hotel.


@matrioska_verde

15. Deforestación

se rompió la sintonía,
el delgado hilo conductor
que me arrancaba la sonrisa tonta

quererte me dejó deforestada
y las esquirlas de nuestro idilio
todavía se clavan en mis costados

ya no eres para mí, ya no soy para ti
y presiento que un día, muy cercano,
seremos como dos extraños en un ascensor,
sin nada que decirse más allá de una frase cortés


@matrioska_verde





14. Una mujer llamada Melancolía


Se llamaba Melancolía. ¡Vaya con el nombrecito que le había puesto la loca de su madre! Pero todo el mundo la conocía por Melania. El padre las había abandonado cuando la niña tenía tres años. Y nunca más se supo.

De pequeña había sido una niña muy divertida y alegre pero a medida que se fuera haciendo mayor su carácter se había ido avinagrando y entristeciendo, al mismo tiempo y por igual. Pocos estudios. Un noviazgo temprano con el primer desnortado que le hizo un poco de caso. Un marido que no la comprendía, que no sabía quererla. Una maternidad frustrada después de varios abortos. Un trabajo en un chino de barrio que no la motivaba para nada. No le había costado mucho tomar la decisión. Eso es lo que contaba en la carta que dejó escrita para la familia. Muchos en el barrio decían que para hacer algo así tenía que haber perdido la cabeza, pero para los más allegados a Melania, aquel fin era el que más encajaba con su pequeña y anodina vida.
Primero tiró la casa por la ventana: ropa, zapatos, muebles, libros, cacharros… Y después, sin prisa pero sin pausa, ejecutó la última escena de su película. La encontró colgada en el tendal la vecina del quinto, la más chismosa de todo el edificio. En pelotas, daba más vueltas que una peonza porque hacía un viendo endemoniado y llamaba la atención el plumero que se le veía saliéndose del bolsillo de la bata de casa. Pobre, siempre había sido muy limpia.


Ejercicio de literalidad con frases hechas:
En pelotas
Estar colgada
Dar más vueltas que una peonza
Vérsele el plumero
Sin prisa pero sin pausa
Tirar la casa por la ventana




13. Nanoextraterrestres


Y cuando lo besé por primera vez su piel comenzó a escamarse y una antenita salió de su cabeza.



Hablaba raro, se movía raro, y sus ojos… Cuando aquella luz tan intensa me cegó entré en pánico.



Cuando se presentó con su Hola, mi nombre es Jon y soy extraterrestre, lo primero que pensé fue que cómo se le iba la pinza a la peña, pero después de una hora con él me entraron muchas dudas… Y aún no las resolví.



No sé si es extraterrestre o extragilipollas aunque me inclino por lo segundo.



Y un día sin más me dijo, Necesito mi espacio, y se fue en su nave espacial.



Ring, ring, ring.
Cariño, ¿dónde estás?
En la luna.
Anda, baja por favor, que tienes que llevar a los niños a la piscina.


12. Nanogatos


Estaba tan asqueada de aquella engañosa ternura que cuando me dijo babeando, ¿quién es mi linda gatita?, saqué el puñal de debajo de la almohada.



Tu apariencia de aristogato ya no me engaña.
Sé que por dentro eres un sapo fondón



Cuando el gato empezó a mirarme con tus ojos, a sonreírme con tu boca, y a lamerme las manos como lamías tú mi vientre, te preparé las maletas.



Odín, Odín, Odín, ¿dónde estás?…. Nooooooooooooooooooooooooooo.



Cuando me dijiste desafiante y arrogante aquello de: “El gato o yo”, afilé las uñas y te las clavé.



Yo era tan dulce como Piolín y tú eras más ruin que Silvester. Fin de la historia.



Yo era una joven gatita y tú un rotweiller experimentado. Enamorarme de ti fue lo natural.



O gato miañaba no alpendre, mentras a mamá, que xa non coñecía a ninguén, desfollaba o maínzo sentada nunha cadeira na aira. Esa é a última imaxen feliz que teño dela.



Lo único que nos unía era el gato. Ahora que ya no estaba podía tomar la decisión.



Y poco a poco nos acostumbramos a vivir así, como gatos enjaulados.

sábado, 18 de febrero de 2017

11. Por dentro

Tengo por dentro miles de garras
que me desgarran por momentos.
En cuanto pasa ese dolor,
ese querer morirme,
recupero la confianza
y la cordura.


@matrioska_verde


10. Poema inacabado

y cuando ya este sentimiento irresistible,
irremediable, irrefrenable,
se adueñó de mí sin compasión,
me entregué sin oponer resistencia,
desarmada, y te quise,
te quise, incluso, por encima de mis posibilidades.

9. Porque nunca nadie

Mi vientre se convierte en valle fértil
cuando dentro de mí,
a jirones,
ahuyentas mis demonios.

Sabes como calmar mi pecho atormentado,
esos días de aguaceros intensos, como hoy,
cuando me atas a la cama
y me anclas a la vida, alejándome

de esa oscuridad que todavía pervive,
latente, agazapada,
entre las lágrimas de después.

No me cabe todo el amor en este cuerpo pequeño
cuando acaricias mis curvas peligrosas y mis depresiones.

No me cabe todo el amor en este cuerpo pequeño
cuando me abrazas antes de dormir.

No me cabe...

Porque nunca nadie me prometió menos que tú y me dio más.




viernes, 20 de enero de 2017

8. Diario mínimo

Ejercicio de inversión literaria

Diciembre, domingo 18
Cuando salí del juzgado ya no llovía, después de muchos días de lluvia sin parar.
Supongo que eso querrá decir algo.

Noviembre, domingo 27
Mis padres están de su parte. Dicen que la culpa es mía, que cómo pude. ¿Cómo pude qué? No hice nada. Sólo tengo sentimientos. Yo no… ¡Quiero morirme, joder!

Octubre, domingo 30
Este finde sufrí una crisis muy gorda. Me llevó Isa, la vecina, a urgencias. Creo que tengo que tomar ya una decisión. No va a volver a casa. Me dijo por teléfono que ya no está orgulloso de que sea su mujer. Todo está perdido.

Septiembre, domingo 25
Ya lo hablamos. Va a pedir un mes sin sueldo para estar en casa con nosotras. Mi obsesión terminará por pasarse. Quiero mi vida, mi familia. Vamos a ir al psiquiatra juntos. Y lo superaremos.

Agosto, domingo 28
Reventé. No pude más y se lo conté. Le dije que hace un tiempo empecé a sentir cosas. Que yo no busqué nada. Es mi cabeza, o mi corazón... Se puso como un loco. Me preguntó si me había enamorado. Y no es eso. No lo entiende.

Julio, domingo 31
Las vacaciones han sido un respiro pero lunes toca volver a enfrentarme con mi maldita y jodida obsesión.

Junio, domingo 26
Sin pena ni gloria. Comimos, cenamos, paseamos con la niña, follamos. Sólo vivo devorada por mi obsesión.

Mayo, domingo 29
He disimulado como he podido pero las cosas no van bien. Día y noche pensando en lo mismo. Y no puedo contárselo a nadie. Ni yo misma sé de qué se trata. ¡Pero si somos la pareja perfecta, joder!

Abril, domingo 24
Fue espantoso. Justo cuando terminamos de hacer el amor me vino un flash y… Era… ¡Dios! ¿Por qué vi su cara?

Marzo, domingo 27
No conseguí relajarme, ni disfrutar, ni nada. Estoy y no estoy. No paro de pensar.  ¿Pero qué coño es esta mierda?

Febrero, domingo 28
La ansiedad parece que me da tregua. Estar juntos el fin de semana me da fuerzas pero si no remonto tendré que volver a las pastillas. Y eso sí que no.

Enero, domingo 10
El corto paréntesis ya se terminó. Estuvimos bien, la verdad, aunque no sea nuestro mejor momento. La niña se lo ha pasado genial. Lunes de nuevo a la rutina. Y a pensar que un mes pasará pronto.
 
 

7. Nanos. Tragedia en la cocina

Estaban haciéndoselo en la cocina cuanto entró su marido improvisadamente.
Lo que pasó después era de esperar.

Tenía a su bebé en los brazos cuando explotó la olla a presión.

Se cortó sin querer en la muñeca. Continuar lo empezado parecía lo natural.

Inspector, le juro que jamás imaginé hacer algo así pero es que estaba cortando la zanahoria cuando me espetó aquello de que nunca me había querido. Llevábamos casados 35 años... La ira me cegó.


Estábamos sentados a la mesa de la cocina. Él me dijo que quería volver a casa y hacer el amor. Le contesté que necesitaba más tiempo. Insistió. Le dije que podía darle mi cuerpo pero nada más. Él me escupió que eso lo hacían las putas. En ese momento tomé la decisión. Al día siguiente fui al abogado.
 
El bizcocho crecía y crecía en el horno, hasta que se despeñó molde abajo.
 
¿Te gusta el arroz quemadito, cariño? Pues tienes suerte.
 
LLevaba ocho meses sin catar varón cuando me timbró el vecinito del quinto, justo a la hora del postre. Lo hice pasar a la cocina y... Si no fuera por aquello de "es la primera vez que me pasa" todo hubiera sido perfecto. Qué desperdicio de muchacho.
 
Empecé por tirarle un poquito de harina. Él se envalentonó y pasó al ataque.
La tragedia se saldó con un polvo en la encimera y mi delantal roto.